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enero - febrero 2001  num 22

Rosa Cúbica:
catorce años de poesía
Una entrevista a
Victoria Pradilla y
Alfonso Alegre Heitzmann

 

1.      TBR: Rosa Cúbica, ¿cómo, cuándo, por qué?

El "cuándo" es sencillo. El número cero de Rosa Cúbica se publicó en mayo de 1987, aunque el proceso de génesis es anterior y lleno de incertidumbres y también de ilusiones. El "por qué" es mucho más difícil de explicar. Cualquier poeta o persona que ame la poesía y conozca su devenir en la historia del siglo XX sabe de la íntima relación que se ha dado entre la aventura de las revistas literarias y la de la propia poesía. Cuando fundamos la revista, lo hicimos con la ilusión de asumir el reto de esa tradición y de esa aventura, aun conociendo la enorme dificultad de la tarea que nos proponíamos. Nos guiaba, además, una segura intuición: la de la "materialidad" del espacio de la poesía. Sentíamos la revista como un todo. De alguna forma, queríamos dar espacio al silencio del que la palabra poética nace. En la materialización de ese ámbito, la poesía confluía de forma natural con las otras artes para dialogar con ellas, sabiéndonos también en ello herederos de una honda tradición, la tradición moderna, que ha dado en ese diálogo lo mejor de sí misma. Respecto al "cómo" nació Rosa Cúbica -vuestra tercera pregunta en una-, concurren varios aspectos esenciales. En primer lugar, el apoyo y la ayuda de algunos amigos y personas muy cercanas, así como la confianza de los primeros colaboradores. Otro elemento importantísimo en ese inicio fue el encuentro con Ramon Cortés y Carmen García, responsables del diseño gráfico de la revista. El entendimiento con ellos respecto a lo que queríamos fue absoluto, y la perfecta simbiosis entre poesía, dibujos y diseño gráfico del número cero creemos que atestigua perfectamente la fortuna de ese encuentro. Esa amistad y esa colaboración continúan actualmente, sólo que con mayor intensidad.

issues0_2.jpg (25079 bytes)2.      TBR: ¿Qué números han tenido para vosotros una importancia especial?

Hemos hecho cada número con la misma ilusión y con el mismo sentimiento de necesidad, de que había que hacerlo, aunque después, como es lógico, la experiencia de su realización y el resultado final hayan sido más satisfactorios en unos que en otros. Sin duda, el número cero fue especialmente importante. A pesar de su brevedad, trazaba algunos rasgos distintivos esenciales a los que hemos procurado ser fieles durante estos años; la voluntad de construir un espacio de creación que diera un sentido global al proyecto y concreto a cada número, el diálogo entre la poesía y la pintura -en aquel caso a través de la poesía de dos pintores, Paul Klee y Albert Ràfols Casamada, y de los dibujos de esos mismos poetas-, la búsqueda de una coherencia secreta en cada número....Todavía hoy vemos aquel número cero como un verdadero nacimiento; teníamos la sensación de estar creando un espacio, un espacio mental y a la vez sensible al que en ese mismo momento estábamos accediendo. Las primeras palabras del editorial reflejan ese sentimiento; parecía que nacían del espacio que al mismo tiempo convocaban: "Ya en el espacio desierto, descubrimos las primeras palabras...". Como ya hemos señalado antes, sentíamos la revista como un todo en el que cada elemento -poemas, textos en prosa, dibujos, o el propio diseño gráfico de la revista- desempeñaba un papel esencial en el conjunto.

Fue muy importante también para nosotros el número siguiente, un monográfico dedicado a Luis Fernández, el gran pintor asturiano de la Escuela de París. Que sepamos, fuimos la primera revista española que le dedicó un número monográfico. Por entonces, era un pintor casi olvidado, a pesar de la calidad de su obra y del protagonismo que tuvo durante algunos años no sólo en la vanguardia artística de París, sino también en la de Barcelona a través de su relación con los grupos catalanes de ADLAN y GATPAC. La elaboración de ese número nos puso en contacto con personas que luego han sido fundamentales en el desarrollo de nuestro proyecto: José Ángel Valente, José Miguel Ullán, el pintor catalán Xavier Valls, afincado en París hace cincuenta años, y Andrés Sánchez Robayna.

En el número 2, un número misceláneo, publicamos entre otras cosas,  y por primera vez en España, un dossier sobre una poeta rusa entonces absolutamente desconocida aquí, y ahora considerada, en cambio, una de las grandes voces de la poesía rusa del siglo veinte: Marina Tsvetáieva. En ese número colaboraron, entre otros, Severo Sarduy, que tradujo poemas franceses de Marina, y José María Valverde, que tradujo del alemán la elegía que Rilke dedicó a la poeta rusa. Ese número fue también el del encuentro con un poeta queridísimo -y ahora añorado- que nos ha acompañado durante años en nuestra aventura; nos referimos a Joan Brossa. Titulamos el número "La forma de la luz", expresión tomada de los diarios de Paul Klee, que años después nos sirvió para dar título a una de nuestras colecciones de libros.

Como podéis ver, nos es casi imposible hablar de números más importantes que otros, pues en cada uno hay algo esencial que no podemos dejar de citar; pero, en fin, además del número 1, sólo ha habido hasta ahora dos monográficos más, el número 3/4, que dedicamos a la poesía última de Juan Ramón Jiménez,  y el 15/ 16, consagrado a la poesía de Paul Celan. Este último incluye textos inéditos, especialmente escritos para Rosa Cúbica, de poetas que fueron amigos de Celan, como Jacques Dupin o André Du Bouchet; con ellos nos puso en contacto un poeta francés de origen español, Jean Gabriel Cosculluela, que colaboró ya en el número 6 de la revista y cuya ayuda en estos años ha sido muy importante para nosotros. La mayor parte de los poemas de Celan que aparecen en el número están traducidos por José Ángel Valente, aunque también hay traducciones excelentes de Andrés Sánchez Pascual y Jaime Siles. Los dibujos que acompañan la poesía de Celan los hizo Eduardo Chillida.  

3.      TBR: ¿Podríais citar algunas de las experiencias más interesantes que habéis recogido a lo largo de vuestros veinte números?

Ese sería un capítulo gozosamente inacabable. Es como si la ilusión que hemos puesto en el proyecto se contagiase. En ese sentido, lo mejor ha sido, sin duda, la relación con los escritores, poetas, traductores y artistas que han colaborado con nosotros durante estos años, relación que en muchos casos se ha convertido en entrañable amistad. Ha habido una generosidad total en la que apenas hay excepciones. Era llamar o escribir a alguien del que apreciábamos su trabajo, fuera conocido o no, y encontrar siempre respuesta positiva, siendo únicamente nuestra carta de presentación la  propia revista. En el inicio de Rosa Cúbica está, sobre todo, la amistad con Albert Ràfols Casamada y Maria Girona, a los que conocimos poco antes, cuando editaban la revista Ampit, y que son los que compartieron más de cerca la ilusión del comienzo, y cuya amistad y apoyo durante estos años han sido y siguen siendo fundamentales. También   de ese número cero nace la amistad con Andrés Sánchez Pascual, que no sólo ha colaborado en varios números de Rosa Cúbica, sino que tradujo y prologó uno de nuestros libros: Poemas de Paul Klee. Nuestra amistad con él fue también amistad con su mujer, Roswitha Krellenberg, por desgracia recientemente fallecida. Andrés y Roswitha también han sido durante estos años "cómplices" queridos y muy cercanos.

Se acaban de cumplir dos años de la desaparición de Joan Brossa, que fue para nosotros un maestro y un amigo. Brossa confió siempre en nuestro proyecto. Era una delicia sentirlo cerca, saber que estaba ahí, que existía y que apreciaba lo que hacíamos. Pasamos horas inolvidables con él. En su estudio, en su casa, en el restaurante "Sí señor", o en cualquier lugar donde él estuviera, la poesía y la magia venían: él las convocaba. Colaboró en varios números de Rosa Cúbica, y el número 5 está dedicado a él en su mayor parte.

Otra relación de la que nos sentimos privilegiados es la que durante todos estos años mantuvimos con José Ángel Valente, fallecido el verano pasado. Valente, además de colaborar en varios números de Rosa Cúbica, quiso publicar con nosotros sus versiones de Paul Celan, ampliando con nuevos textos una edición anterior de escasa difusión. Más tarde, él y Antoni Tàpies -con quien también hemos tenido una estrecha relación desde su primera colaboración en el número 10 de la revista- aceptaron publicar, en nuestras ediciones, Comunicación sobre el muro, un libro en el que recogemos la mayoría de los textos que Valente dedicó a la pintura de Tàpies, así como una larga conversación entre el poeta y el pintor, y un artículo de Tàpies, escrito a finales de los años sesenta, cuyo título propusimos que fuera asimismo el título del libro, y que ambos aceptaron. En febrero de 1998, José Ángel y Coral, su mujer, estuvieron en Barcelona y presentamos Comunicación sobre el muro en la Fundación Tàpies. Fueron días maravillosos, de los que nunca olvidaremos la agudeza y la vehemencia de José Ángel, pero tampoco su entrañable ironía y la amistad que compartimos.

Capítulo aparte y muy importante es el de los artistas plásticos en Rosa Cúbica. Ya hemos citado algunos: Albert Ràfols Casamada, Maria Girona, Xavier Valls, Antoni Tàpies  y Eduardo Chillida. A ellos hay que añadir a Joan Hernández-Pijuán, Sergi Aguilar, Enrique Esteve, Ramón Herreros, Jordi Teixidor, Frederic Amat, Margarita Fuchs y Alegre Esteve. Cuando preparábamos el número 3/4, conocimos al pintor mexicano Vicente Rojo. Explicar la amistad que desde entonces tenemos con él y con Alba, su mujer requeriría mucho más espacio del que aquí tenemos.

 En otro orden de cosas, la elaboración de cada número está llena de anécdotas, encuentros y viajes inolvidables. Cuando en 1989 preparamos el número 3/4 dedicado monográficamente a JRJ, viajamos a Puerto Rico y a Cuba. En Puerto Rico visitamos por vez primera la Sala Zenobia y JRJ de la Universidad de Río Piedras, donde está el archivo que guarda toda la obra que Juan Ramón escribió en América entre 1936 y 1958. Gracias a esa visita conseguimos, entre otras cosas, las cartas de Ezra Pound a JR -algunas de las cuales son magníficas, casi verdaderos poemas-, que publicamos en dicho número. En Cuba, siguiendo la estela de la presencia de Juan Ramón entre 1937 y 1939 y su relación con Lezama y el grupo de Orígenes, conocimos a Cintio Vitier y Fina García Marruz, que guardan por Juan Ramón la devoción que muy pocos de sus discípulos españoles supieron conservar.

  Aquí habría que poner un largo etcétera. Como hemos dicho al principio, este capítulo sería inacabable. Queda muchísimo que contar. Conscientemente hemos hablado sobre todo de aquellos colaboradores "mayores" en edad y en  prez, y mucho menos o casi nada de los de nuestra generación, pues no hay espacio para ello. Queremos creer, sin embargo, que toda esa historia -la que os hemos contado y la que no- late de alguna forma en cada número y en cada libro que hemos publicado.

4.      TBR: ¿Qué os movió a crear las colecciones "La forma de la luz" y "Mar adentro"?

La creación de esas colecciones fue una proyección natural de la revista. Algunos proyectos nacidos en la revista, o de la relación con los autores nos pedían ese espacio. Uno de los primeros libros que pensamos en publicar fue, por ejemplo, el de la poesía de Paul Klee, en versión de A. Sánchez Pascual, que años antes nos había servido para abrir el número cero; algo parecido ocurrió con Lectura de Paul Celan: Fragmentos, las versiones que J.A. Valente hizo de la poesía de Paul Celan, o con el Diario póstumo de Montale. Por otro lado, tendremos siempre la satisfacción de haber empezado nuestras ediciones con un libro inédito que Brossa nos regaló con absoluta generosidad: Suite Tràmpol o el compte enrera .

 5.  TBR:  ¿Podríais darnos un anticipo del número 21?

Si todo sale bien, y no se acaba esto antes, será un número doble, y estará dedicado monográficamente a José Ángel Valente.

La dirección postal de la revista Rosa Cúbica es:
Passeig de Sant Joan, 50 – Principal-
08010
Barcelona
Catalunya
Espanya
(España)

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